sábado, 9 de febrero de 2008

Bajo tierra

Miles de preguntas arden
bajo tierra,
preparan la erupción.

Ya bullen, ya
se sacuden;
de combate provocadas,
pronto hallan los cráteres,
están por venir afuera,
no valen trabas.

Manos son y en las montañas
se alzan, manos de magma
toman las estancias.
No queda en pie trono
ni posesión ni usura algunos.

Suenan las preguntas,
chasquidos en los tímpanos de los estados.
Se recuerdan los nombres hostigados,
los desmembrados insepultos,
ocultos bajo lodo impune.
Se avivan los nombres en las voces;
pueden derruirse los muros de las prisiones,
pueden tomarse los tronos,
se diluyen las fronteras,
si se invocan esos nombres.
Ni cañón ni injuria, nada,
nunca habrá de replicar
esos nombres calcinantes.

La fuga

Pierde la casa,
salte del cauce,
llena los bolsillos de huidas,
mira pasar por ventanillas
tu cuenta pendiente de paisajes intocados.

Encuentra, de madrugada,
el grito interior de lo distante;
o de tarde,
la bola de lodo en el costado:
acumulación malsana de familias ovilladas
que te dieron en uso sus nombres,
ahora gastados, errantes.

Márchate hasta el hastío, sangre mía.
No quieras pisar el pueblo fértil que te llama a su memoria
sólo hasta perderte más,
perderte mejor donde prefieras:
en el océano de gracias deslumbrantes y profundas,
en el desierto aletargado y equidistante de casa,
en la montaña fecunda donde se multiplican los caminos.

Pisa aquí y allí hasta agonizar.
Vuelve a partir cuando te tomen por loca
e intenten enviarte en barco a otro puerto
o te traten como mercancía que se pierde en los bazares
de quien nadie sabe de dónde su brillo o su avería.

Entre tanto, estará tu pueblo fértil
creciendo abundante y al barbecho,
esperando ver florecer
tu vara
y tu hacer.

Fuente

Un agua viene,
rompe el dique de la razón,
desarraiga las costumbres,
deshace las máscaras.

Un agua pasa,
despierta el aullido muerto
Mírenla venir, levanta
las losas, colma
las reservas,
vence los dogmas.

Es el agua guardada que vivía adentro,
buscando acontecer.

¡Ay, ya salta esa agua,
ya se hace vecina,
se acerca a nosotros su señal,
agita la mansa obstrucción,
oímos su estruendo,
las habitaciones son honestas!

¡Agua, agua!
Todo atraviesa una hoguera.
Destellan las bellas ráfagas,
es la hora de la aurora,
mírenla ahora,
ya resplandece.